El museo Picasso reúne una selección de pinturas, esculturas, películas y fotografías que dejan constancia de las sensibilidades comunes entre dos colosos del arte del siglo XX

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La duda y el miedo son angustias de día, a las que el inconsciente les sueña una respuesta o las libera. Lo sabía Fellini, que hizo una gran antología onírica en su Libro de los sueños, donde trazó su propio jardín del Bosco en imágenes desinhibidas a pierna suelta, y en cuyas páginas cuenta en rojo, amarillo y verde sus encuentros dibujados con Picasso insuflándole ímpetu y un modelo a seguir. Sucedió en 1962, 1967 y 1980 durante las crisis en blanco y negro del director frente al reto de emprender en color, después de Ocho y medio, las películas Satiricón –la más picassiana– e Y la nave va, según Audrey Norcia, comisaria de la exposición Y Fellini soñó con Picasso. En el primero, acompañado de Giulietta Massina, comían tortilla de patatas en la cocina de Picasso y él lo miraba expectante; en el segundo lo dibujó hablándole y hablándole de tú a tú, y así mismo difuminado en azul. La última vez aparecía desmejorado, pidiéndole que no se distrajese y le escuchase. Tres sueños auxiliadores como conexión mágica entre los universos plásticos que los dos genios comparten: la autobiografía, los arquetipos femeninos, la antigüedad y el circo. Sugiero ver primero, en una escenográfica sala de cine roja, el documental de Isaki Lacuesta, narrado por Emma Suárez. Con sus claves en la mirada se puede disfrutar mejor de la exposición donde danza su imaginación sensual, mediterránea y experimental a través de pinturas, dibujos, obra gráfica y fotografías. Igual que si fuesen los frescos de la villa que descubren las obras del metro en la felliniana Roma de 1972.

 

 

La antigüedad clásica es el fértil manantial del que ambos beben, y que Picasso plasma en Minotauro en una barca salvando a una mujer (1937), sensualidad y poder del deseo masculino tomando el lecho frente al envés de Fellini dominado en su fascinación por la feminidad en bruma que transmite Laguna de Venecia con la barca catafalco de Casanova (1975), donde también expresa la mujer idealizada y como amenaza dentro del sueño. Y por su condición de mantis religiosa presente en la fotografía de La danza de Fortunata durante el banquete de Trimalcione del Satiricón. Sólo en este apartado difieren los apetitos de sus inconscientes: el miedo a la castración del fabulador barroco al que el pintor opone el deseo lúbrico de su Minotauro y su deseo de posesión de la carne abierta de par en par.

En los arquetipos femeninos es donde más coinciden y despliegan su mirada sobre todos los ángulos de la mujer. Primero, el culto a la maternidad: Mujer con sombrero rojo de Picasso de 1965 y Mujer con sombrero de hada de Fellini de 1990; cuando el segundo traza torrencial una mujer en cinta, y el primero esculpe su Mujer embarazada, cuyo boceto preña la pintura El toro de 1949. Y después, fundién­dose libidinosos y brillantemente creativos –en su visión junguiana de que la mujer está donde empieza la oscuridad del hombre– el director con las atmósferas de Ocho y medio y de La ciudad de las mujeres, y Picasso con su magisterio del ­dibujo –caricia precisa y sutil de la línea en un trazo– de Degas pensativo. Prostíbulo en la intimidad, Burdel: habladurías, con loro y alcahueta de 1971 y 1974, además de las litografías negras Las mujeres de Argel, según Delacroix de 1955 con las que dialogan en voluptuosidad y erotismo los bocetos de La Saraghina y la musa, La mujer pantera y Olimpia desnuda de espaldas de Fellini. Lo mismo que en el dibujo picassiano de Pintor bufón pintado sobre su modelo de 1971 y en la fotografía de Tazio Secchiaroli El falso trasero de 1979. El primero ejecutando que el arte es una mentira que nos conduce a la verdad; el segundo hiperbolizando la realidad para que parezca más real.

 

 

No sólo muestra la exposición el impulso contradictorio entre el deseo y la carne de Fellini, y la evidencia de que las mujeres son el autorretrato de Picasso. También ofrece una mirada sobre el proceso del que hicieron una exploración y una obra en sí mismo. Juntos, soñador y soñado, en el mismo lado de la noche, por fin se encuentran.

Y Fellini soñó con Picasso

comisaria: audrey norcia. MUSEO PICASSO. MÁLAGA. WWW.MUSEUPICASSOMALAGA.ORG. HASTA EL 13 DE MAYO